El barro en Alto Paraguay no es solo un problema vial: es un costo logístico que impacta al agronegocio. Estrategias e IA pueden anticipar riesgos y sostener la conectividad.

Caminos rurales y logística: el costo del barro en Chaco
La peor parte de un camino embarrado no es el barro. Es el tiempo perdido que se vuelve plata perdida.
Esta semana, en Alto Paraguay, la “Navidad embarrada” dejó una imagen que debería incomodar a cualquiera que trabaje en agricultura o agronegocio: un ómnibus tardó tres días en intentar llegar a un tramo de 140 km hasta la ruta bioceánica, y los pasajeros terminaron siendo trasladados en tractores desde estancias vecinas. No es una historia pintoresca del Chaco. Es un retrato de cómo la infraestructura rural define la competitividad del sector.
En esta serie (Mba’éichapa AI Oñemohendáva Agricultura ha Agronegocio-pe Paraguáipe), venimos mirando dónde la tecnología realmente ayuda: cuando baja costos, reduce riesgos y ordena decisiones. Y si hay un lugar donde la planificación con datos y el uso inteligente de herramientas (incluida la IA) se vuelven urgentes, es en la logística agropecuaria en zonas con caminos frágiles y clima impredecible.
Lo que un camino intransitable le hace al agronegocio (más allá del fastidio)
Un camino rural malo no “molesta”: rompe la cadena de suministro. Y en agricultura, cuando la cadena se rompe, el impacto no es lineal; se multiplica.
En Alto Paraguay, las lluvias desde el 23 de diciembre empeoraron caminos ya deteriorados. Solo circularon (a veces) vehículos 4x4, y hasta camionetas de doble tracción terminaron en cunetas. Para el agronegocio, eso se traduce en cuatro golpes directos:
1) Costos logísticos que suben sin pedir permiso
El sobrecosto llega por todos lados:
- Más combustible por baja velocidad y desvíos
- Más mantenimiento (neumáticos, suspensión, tren delantero)
- Más horas hombre (choferes, cuadrillas, coordinadores)
- Más “costo financiero” por mercadería que se cobra tarde
En campañas ganaderas o agrícolas, el margen no se pierde de golpe; se va “chorreando” en pequeñas ineficiencias diarias. El barro acelera esa fuga.
2) Riesgo de calidad y merma
Cuando el traslado se estira, lo que sufre es la calidad:
- En perecederos, la ventana se achica.
- En granos, aparece riesgo por humedad y manejo improvisado.
- En insumos (fertilizantes, semillas, fitosanitarios), el atraso pega justo donde duele: calendarios.
La logística agrícola es calendario. El barro no negocia calendarios.
3) Fallas en abastecimiento (lo que nadie ve hasta que explota)
La producción no se frena solo por no poder sacar el producto. Se frena también por no poder entrar:
- gasoil
- repuestos
- balanceados
- medicamentos veterinarios
- personal técnico
En zonas aisladas, un “camino de todo tiempo” vale tanto como una buena genética o un buen paquete tecnológico.
4) Riesgo humano y reputacional
Cuando el transporte público queda varado (como pasó), el problema es social, sí, pero también productivo: menos disponibilidad de mano de obra, más rotación, más ausentismo. El agronegocio compite por talento. Y nadie elige quedarse donde todo depende del clima.
Frase para enmarcar: en el Chaco, el barro no es meteorología; es una variable de negocios.
La trampa de “arreglar cuando ya se rompió”: por qué la planificación manda
La reacción típica es mandar máquinas después de la lluvia o esperar “que se seque rápido” (algo que el propio reporte local describe: con precipitaciones escasas, el camino seca con rapidez). Ese enfoque funciona hasta que no funciona.
El problema real es que la logística rural no puede depender del optimismo del pronóstico cuando hay producción en juego. Y menos en esta época: fin de año en Paraguay implica movimiento de personas, abastecimiento y planificación de campañas. Si Meteorología anuncia lluvias para inicios de la próxima semana, el productor y el operador logístico no deberían “cruzar los dedos”; deberían correr escenarios.
Escenarios simples que sí cambian resultados
Un buen plan logístico para zonas como Alto Paraguay suele incluir:
- Ventanas de salida/entrada definidas por riesgo (no por costumbre)
- Rutas alternativas mapeadas y validadas (aunque sean más largas)
- Puntos de transferencia (cambio de unidad/tractor/embarcación donde aplique)
- Stock de seguridad de insumos críticos antes de la semana de lluvias
- Protocolo de comunicación (quién avisa, a quién, con qué información)
No es glamoroso. Pero es lo que evita pasar fiestas —o zafras— en la cuneta.
Dónde la IA sí ayuda: logística agropecuaria basada en datos (sin humo)
La IA no va a pavimentar Alto Paraguay. Pero sí puede reducir el daño mientras la infraestructura se pone al día. La mejor forma de usar IA en agronegocio acá es como sistema de decisión: anticipa riesgos, ordena prioridades y mejora coordinación.
1) Pronóstico “operativo” en lugar de pronóstico “bonito”
La mayoría mira el pronóstico como ciudadano. La logística necesita otro enfoque: probabilidad + impacto.
Un modelo simple (incluso sin ser “IA avanzada”) puede convertir variables climáticas en un semáforo de transitabilidad:
- Lluvia acumulada (24/48/72h)
- Tipo de suelo y drenaje por tramo
- Historial de cortes por zona
- Reportes de campo (WhatsApp, radio, check-ins de choferes)
Resultado: decisiones tipo “salimos hoy antes de las 18:00” o “no mandes camión de gran porte, manda 4x4 con carga parcial”.
2) Optimización de rutas y cargas: menos épica, más eficiencia
Cuando los caminos están frágiles, el objetivo no es “la ruta más corta”. Es la ruta con mayor probabilidad de llegar.
Con datos básicos de transitabilidad, una herramienta puede recomendar:
- dividir cargas para reducir encajadas
- programar convoyes (unidades de apoyo)
- priorizar carga de mayor urgencia o valor
En el Chaco, el costo de una encajada no es solo grúa. Es tiempo, desgaste y riesgo.
3) Mantenimiento predictivo (sí, incluso en flotas chicas)
Caminos con barro castigan suspensión, frenos, rodamientos y neumáticos. Registrar mantenimiento de forma ordenada permite predecir fallas y evitar paradas en el peor lugar.
Una práctica que he visto funcionar: un “score” por unidad que combine:
- km recorridos en caminos no pavimentados
- eventos de encajada/rescate
- consumo anómalo de combustible
- historial de cambios de piezas
No hace falta un sistema caro. Hace falta constancia y una decisión: medir para no adivinar.
4) Inteligencia de campo: datos comunitarios que se vuelven mapa
El artículo muestra algo potente: la red informal (estancias vecinas con tractores) fue la que destrabó la crisis.
Eso se puede formalizar sin burocracia:
- puntos de reporte por tramo
- registro de estado del camino con fotos y ubicación
- acuerdos de apoyo (tractor, combustible, horarios)
La IA puede ordenar y clasificar reportes, detectar patrones y generar alertas. Pero el valor base está en construir un sistema de información compartido.
Qué deberían hacer productores y operadores en enero (plan de 10 días)
Enero en Paraguay suele mezclar lluvias, calor, logística pesada y reacomodo post-fiestas. En Alto Paraguay, eso exige un plan corto y ejecutable.
Checklist práctico (sin consultoría eterna)
- Mapeá tus tramos críticos (los 20-50 km que más te hacen perder tiempo)
- Definí umbrales de “no salir” (ej.: lluvia acumulada X mm o reporte de corte)
- Armá stock mínimo de insumos críticos para 7-10 días
- Tené dos proveedores de transporte (o un plan B interno)
- Cerrá acuerdos de apoyo con vecinos/estancias (rescate, transferencia, depósito)
- Registrá eventos (fecha, tramo, tiempo perdido, costo estimado)
Ese punto 6 parece menor, pero es el que te da poder de negociación y planificación. Sin datos, la conversación sobre infraestructura siempre termina en “sensaciones”.
Otra frase útil: lo que no se registra, no existe en el presupuesto.
Infraestructura rural: el eslabón que no puede fallar (y cómo priorizar inversiones)
Pedir “mejores caminos” es lógico. Pero el desafío es priorizar bien: no todo se arregla a la vez y no todo tramo aporta el mismo retorno.
Para decisiones públicas y privadas, la priorización debería guiarse por métricas claras:
- toneladas/año que pasan por el tramo
- costo anual estimado de interrupciones (tiempo + reparación + merma)
- accesibilidad a servicios críticos (salud, educación, transporte público)
- conectividad con rutas estructurales (como la bioceánica)
Cuando un ómnibus tarda tres días en recorrer 140 km, el mensaje es nítido: ese cuello de botella no afecta solo a viajeros; afecta a toda la economía de la zona.
En el marco de esta serie sobre IA y agronegocio, mi postura es directa: la tecnología no reemplaza infraestructura, pero puede hacer que cada kilómetro mejorado rinda más, porque ordena la demanda, visibiliza pérdidas y reduce la improvisación.
Próximo paso: convertir el barro en un sistema de decisión
Los caminos de Alto Paraguay probablemente mejoren en los días de sol. Eso ayuda para llegar a Año Nuevo. Pero si el plan es depender del sol, el problema va a volver con la próxima tormenta.
Si trabajás en agricultura, ganadería, transporte o acopio, el desafío para 2026 es este: pasar de la logística “a pulmón” a una logística basada en datos, donde el clima, el estado del camino y el plan de carga se lean como lo que son: variables operativas.
La pregunta que deja esta Navidad no es si va a llover otra vez. Va a llover. La pregunta es: ¿tu operación va a seguir reaccionando o va a empezar a anticiparse?