Educar para que nada sea ajeno: naturaleza, IA y aula

IA en la Educación Española: Aprendizaje PersonalizadoBy 3L3C

Cómo un huerto escolar en Sevilla muestra el camino para unir educación ambiental, proyectos reales e IA educativa al servicio del aprendizaje personalizado.

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Educar para que nada sea ajeno: naturaleza, IA y aula

Un alumno que no quería ir al instituto empieza a entrar cada mañana con una sonrisa solo porque le toca huerto. Planta lechugas con su abuelo, propone venir en verano a regar y se ofrece para casi todo. Ese pequeño giro de motivación en el IES Almensilla (Sevilla) no viene de un discurso inspirador, sino de un proyecto concreto: Almensilla sostenible.

Este caso no va solo de jardinería escolar. Habla de cómo conectar el currículo con la vida real, cómo trabajar la crisis climática sin caer en el catastrofismo… y, si damos un paso más, cómo combinar todo eso con la inteligencia artificial en la educación para lograr un aprendizaje verdaderamente personalizado.

En la serie IA en la Educación Española: Aprendizaje Personalizado, este artículo se centra en algo clave: la tecnología por sí sola no cambia nada si no se apoya en proyectos con sentido. Y Almensilla sostenible es un ejemplo perfecto sobre el que construir.


1. Qué nos enseña el proyecto “Almensilla sostenible”

El proyecto Almensilla sostenible es una respuesta curricular a la crisis ambiental y climática desde un instituto público andaluz. No es un taller puntual, sino un trabajo de curso que atraviesa varias materias:

  • Biología de 4.º de ESO
  • Programa de diversificación curricular
  • Materia de Cine (Educación Plástica, Visual y Audiovisual)
  • Ámbito Lingüístico y Social

Se organiza en líneas de investigación y acción muy claras:

  1. Adaptación de las plantas a la sequía
  2. Creación y mejora de un huerto escolar
  3. Ecoauditoría ambiental del centro
  4. Diseño de carriles bici para el municipio
  5. Colocación de cajas nido y estudio de comunidades de aves
  6. Riesgo sísmico y vulcanismo, con plan de evacuación

Lo potente aquí no es solo el tema, sino el enfoque:

  • Trabajo por proyectos
  • Método científico aplicado a problemas reales
  • Cooperación en pequeños grupos
  • Salir del aula: huerto, laboratorio, entorno del pueblo
  • Uso de datos y evidencias, no solo opiniones

Es justo lo que piden organismos como Unesco, Unicef u OCDE: aprender más profundamente cuando el conocimiento se aplica a problemas reales.


2. Del huerto a las competencias del siglo XXI

El huerto del IES Almensilla no es una actividad “extra”. Es un laboratorio vivo para trabajar competencias que la LOMLOE recoge, pero que en el libro de texto se vuelven abstractas.

Competencias que se activan en un proyecto así

En un solo trimestre, proyectos como este pueden desarrollar:

  • Competencia científica: diseño experimental con distintos riegos, análisis de crecimiento, comparación de especies más resistentes a la sequía.
  • Competencia matemática: medición, registros, gráficas, interpretación de datos de supervivencia o productividad del huerto.
  • Competencia digital: elaboración de vídeos, edición, creación de presentaciones, gestión de datos de ecoauditoría.
  • Competencia social y cívica: entrevistas al alcalde, propuestas de carriles bici, reflexión sobre el bien común.
  • Competencia personal y aprender a aprender: autonomía, constancia, planificación de tareas en el huerto y en las investigaciones.

Y, quizá lo más importante, se genera una identidad de proyecto compartido: el alumnado siente que hace algo que tiene impacto real en su centro y su pueblo.

Por qué motiva tanto a alumnado “desenganchado”

En diversificación curricular, muchos estudiantes arrastran experiencias de fracaso. De repente, tienen un contexto donde:

  • Ven resultados tangibles (la planta crece, la caja nido se ocupa, el ruido baja en el pasillo).
  • Sus habilidades prácticas cuentan tanto o más que su velocidad de lectura.
  • Pueden aportar saberes familiares (agricultura, bricolaje, cuidado del entorno).

Eso cambia la relación con la escuela. Y es justo el tipo de contexto donde la IA educativa puede sumar sin eclipsar lo humano.


3. Dónde encaja la IA en proyectos como “Almensilla sostenible”

La tentación con la inteligencia artificial es usarla como “fábrica de fichas” o corrector automático de deberes. Es tirar el potencial por la borda. En un proyecto por retos reales como este, la IA puede ser un andamio de personalización muy potente, si se usa con criterio.

3.1. IA como apoyo al diseño de tareas personalizadas

El profesorado puede usar herramientas de IA para:

  • Generar versiones adaptadas de los mismos contenidos:
    • Lecturas sobre cambio climático con tres niveles de dificultad.
    • Guías de laboratorio simplificadas para quien lo necesita y más abiertas para quien va por delante.
  • Crear bancos de preguntas graduadas por complejidad para comprobar la comprensión del método científico.
  • Proponer retos diferentes sobre el mismo eje: unos trabajan el riego por goteo, otros el acolchado, otros la biodiversidad del huerto.

No se trata de que la IA decida el currículo, sino de que ahorre tiempo al docente en la parte mecánica y le deje energías para acompañar mejor.

3.2. IA para análisis de datos y pensamiento crítico

Un proyecto con huerto, ecoauditoría y biodiversidad genera muchos datos. Aquí la IA puede introducir al alumnado en un uso inteligente de la tecnología:

  • Cargar tablas de crecimiento de plantas y pedir a la IA ayuda para identificar patrones y formular hipótesis.
  • Simular distintos escenarios de consumo de agua o energía en el centro y ver impactos aproximados de las propuestas de mejora.
  • Analizar resultados de encuestas sobre ruido o movilidad y generar visualizaciones sencillas para las presentaciones.

Eso sí, con una condición clave: enseñar a los estudiantes a no creerse ciegamente lo que propone la IA, sino a contrastarlo con sus propios datos y observaciones. Ahí está el aprendizaje.

3.3. IA para acompañar el trabajo cooperativo

En grupos que trabajan en tareas muy distintas (huerto, cajas nido, carriles bici), la IA puede funcionar como:

  • Un tutor digital que responde dudas básicas sobre biología, clima o estadística a cualquier hora.
  • Un recurso para planificar proyectos: listas de tareas, cronogramas, previsión de materiales.
  • Un asistente para redactar informes que luego el alumnado revisa, corrige y adapta a su estilo.

Bien usada, la IA permite que el profesor deje de ser el único “punto de acceso al conocimiento” y pueda centrarse en lo que ninguna máquina hace: sostener al grupo, leer emociones, detectar exclusiones, cuidar el clima del aula.


4. Cómo diseñar un proyecto similar con IA y sin perder el norte

Si diriges un centro o eres docente y quieres montar algo en esta línea, el reto no es técnico, es pedagógico. La pregunta no es “qué IA uso”, sino qué problema real de mi entorno quiero que el alumnado investigue.

4.1. Paso a paso, desde la realidad del centro

Un esquema práctico podría ser:

  1. Detectar un problema cercano: ruido excesivo, consumo de agua, falta de sombra en el patio, movilidad segura al centro, residuos en el barrio.
  2. Traducirlo a preguntas de investigación: ¿qué zonas del centro son más ruidosas?, ¿cuánto agua se ahorraría con riego por goteo?, ¿qué rutas son más seguras en bici?
  3. Conectar con el currículo: ciencias, matemáticas, geografía, lengua, tecnología, ciudadanía…
  4. Diseñar tareas multinivel apoyándose en IA para adaptarlas:
    • Fichas, guías y rúbricas adaptadas.
    • Itinerarios diferentes para un mismo resultado final.
  5. Prever productos finales reales: informe al consejo escolar, presentación en el ayuntamiento, exposición en un museo de ciencias local.

La experiencia de Almensilla en el Parque de las Ciencias de Andalucía muestra el impacto de sacar el trabajo del aula y ponerlo ante otros públicos.

4.2. Buenas prácticas para que la IA sume y no estorbe

Algunas reglas que funcionan en centros que ya experimentan con IA educativa:

  • Transparencia: el alumnado sabe cuándo se está usando IA y con qué límites.
  • Énfasis en el proceso: la herramienta no sustituye la observación directa ni el trabajo de campo.
  • Prohibir el “copiar y pegar” acrítico: todo texto generado por IA se revisa, se corrige y se personaliza.
  • Privacidad y ética: nada de subir datos personales, fotos de alumnos ni información sensible a herramientas no controladas por el centro.

La IA debe ser vista como una herramienta de apoyo al aprendizaje personalizado, no como un atajo para evitar pensar.


5. Por qué este enfoque encaja con la LOMLOE y con el futuro

La LOMLOE habla de sostenibilidad, ciudadanía global, pensamiento crítico, aprendizaje competencial… pero muchos centros siguen atrapados en exámenes memorísticos y tareas descontextualizadas.

Proyectos como Almensilla sostenible muestran un camino muy concreto para aterrizar la ley:

  • Conectan educación ambiental y participación ciudadana.
  • Implican a la comunidad local (familias, ayuntamiento, entorno natural).
  • Favorecen inclusión: cada alumno aporta algo distinto.

Y si sumamos IA educativa bien usada, el modelo se refuerza:

  • Más capacidad para adaptar tareas a distintos ritmos.
  • Más apoyo para analizar datos reales.
  • Más tiempo del profesorado para lo esencial: acompañar, escuchar, orientar.

La realidad es clara: el cambio climático, la crisis de biodiversidad o los riesgos sísmicos no se abordan con test tipo test; se abordan formando personas capaces de comprender, cuestionar y actuar. La IA, por sí sola, no forma ese tipo de ciudadanía. Los proyectos con sentido, sí. La combinación de ambos es donde está el potencial.


6. Y ahora qué: pasos concretos para tu centro

Si este enfoque te resuena, puedes empezar pequeño y desde ya, incluso en este curso 2025/26:

  • Elige un problema ambiental cercano y conviértelo en proyecto de aula o de nivel.
  • Identifica tres momentos en el proyecto donde la IA pueda facilitar personalización (adaptación de textos, análisis de datos, apoyo a la redacción).
  • Diseña una rúbrica competencial que mida algo más que contenidos: trabajo en equipo, comunicación, iniciativa, uso crítico de la tecnología.
  • Documenta el proceso con el alumnado (vídeos, diarios, paneles) y preséntalo a la comunidad educativa.

He visto centros empezar por un simple proyecto de auditoría de residuos en el patio y, en dos años, tener una línea estable de proyectos ambientales y científicos que involucran a todo el claustro.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿queremos alumnos que sepan “recitar” qué es el cambio climático o jóvenes capaces de hacer algo frente a él, usando tanto sus manos como la inteligencia artificial? La respuesta no está en la tecnología, sino en cómo la integramos en experiencias educativas que, como en Almensilla, hacen que nada del mundo les sea ajeno.

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