Caso Raine vs OpenAI: lecciones clave para despachos

IA en el Sector Legal: Automatización JurídicaBy 3L3C

El caso Raine vs OpenAI es un aviso directo para despachos que usan IA. Analizamos la defensa de OpenAI y qué cambios deben aplicar ya los bufetes españoles.

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Caso Raine vs OpenAI: lecciones clave para despachos

Un solo dato debería ponerte en guardia: más del 60% de los grandes despachos en Europa ya usan alguna forma de inteligencia artificial, pero menos del 20% tiene un protocolo interno serio sobre riesgos y responsabilidad. Esa brecha es exactamente el espacio donde nacen los casos como “Raine vs OpenAI”.

Este litigio, vinculado al suicidio de un menor de 16 años en abril de 2025, ha puesto en el centro dos cuestiones que los abogados ya no pueden esquivar: cómo se usan realmente los sistemas de IA y quién responde cuando algo sale mal. La línea de defensa de OpenAI –el menor habría utilizado el sistema de forma no permitida y en violación de los Términos de Uso– marca el marco jurídico del debate que se viene.

Para los despachos españoles que están modernizando su práctica con herramientas de IA (revisión de contratos, investigación legal automatizada, generación de escritos), este caso no es solo una noticia tecnológica: es un aviso muy serio sobre obligaciones regulatorias, gestión del riesgo y diseño de estrategias procesales.

En esta entrega de la serie “IA en el Sector Legal: Automatización Jurídica” vamos a ver qué está en juego en Raine vs OpenAI, cómo se articula la defensa de la compañía y, sobre todo, qué decisiones conviene tomar en un despacho si no quieres que tu uso de IA se convierta en un problema jurídico… o en un asunto de responsabilidad civil.

1. Qué está pasando realmente en Raine vs OpenAI

La clave del caso Raine vs OpenAI es sencilla de formular, pero compleja de probar: ¿hasta qué punto un proveedor de IA debe prever y controlar los usos dañinos de su sistema, especialmente por parte de menores?

Según se ha conocido, la defensa de OpenAI se apoya en un eje central:

el menor habría utilizado el sistema de manera no permitida, no prevista y en violación directa de los Términos y Condiciones.

Esto sitúa el foco en tres elementos muy relevantes para cualquier abogado:

  • Ámbito de uso permitido: lo que la empresa afirma que su sistema puede y debe hacer.
  • Limitaciones técnicas y de seguridad: filtros, bloqueos, avisos, controles de edad.
  • Términos y Condiciones: el contrato de facto con el usuario.

En la práctica, la estrategia de defensa apunta a construir un relato claro:

  1. OpenAI habría definido usos legítimos y usos prohibidos.
  2. Habría advertido expresamente de esos límites en sus Términos.
  3. El daño se habría producido en un escenario que se sale de ese marco contractual.

El trasfondo es evidente: si el uso fue claramente abusivo, no autorizado o contrario a advertencias explícitas, la empresa pretende desplazar la responsabilidad hacia quienes permitieron o realizaron ese uso (usuarios, padres, plataformas intermedias, etc.).

2. Términos de uso vs. responsabilidad: lo que sí importa a un jurista

Para un jurista, lo interesante no es tanto la tecnología concreta sino el choque entre Términos de Uso, deber de diligencia y expectativas razonables de protección, sobre todo cuando hay menores.

El contrato no lo es todo

Los proveedores de IA confían mucho en sus Términos de Uso: exclusiones de responsabilidad, usos prohibidos, cláusulas de indemnidad. Pero hay varios límites claros que cualquier despacho debe tener en mente:

  • Frontera con el derecho de consumo: muchas cláusulas son nulas frente a consumidores.
  • Régimen de responsabilidad civil extracontractual: un daño grave puede generar responsabilidad al margen del contrato.
  • Estándar de “riesgo previsible”: cuanto más popular y accesible es la herramienta, más se espera que el proveedor anticipe usos indebidos.

En un caso como Raine, será decisivo si los jueces consideran que el diseño del sistema, la interfaz y las salvaguardas eran razonables frente al riesgo específico (menores, salud mental, autolesiones), o si, por el contrario, el proveedor podía y debía haber hecho más.

El factor menor de edad

Cuando intervienen menores, el listón sube. Los jueces suelen aplicar un estándar de protección reforzado. Para una herramienta de IA accesible sin grandes barreras, las preguntas incómodas se acumulan:

  • ¿Existía una verificación de edad mínimamente seria?
  • ¿Qué tipo de avisos o redirecciones se activaban ante preguntas sobre autolesiones o suicidio?
  • ¿El entrenamiento y los filtros del modelo estaban pensados para detectar patrones de riesgo y actuar en consecuencia?

Si la respuesta a estas preguntas es débil, el argumento de “uso no permitido” pierde fuerza. Y eso nos lleva al terreno que más interesa a los despachos: cómo se traslada todo esto al día a día del uso de IA en un entorno jurídico.

3. Qué debería aprender un despacho español de este caso

La lectura inteligente del caso Raine vs OpenAI no es “esto va de Big Tech”, sino: esto va a ser el nuevo estándar de examen para cualquiera que incorpore IA en servicios sensibles. Y la abogacía entra de lleno en esa categoría.

3.1. IA jurídica sí, pero con marco interno serio

He visto muchos despachos que han pasado de cero a IA generativa en pocos meses: asistentes para revisar contratos, redactar cláusulas, proponer argumentos, resumir expedientes. Todo correcto… hasta que preguntas:

  • ¿Tenéis una política interna de uso de IA por escrito?
  • ¿Qué datos del cliente nunca entran en la herramienta?
  • ¿Quién revisa lo que genera la IA antes de enviarlo al cliente o al juzgado?

Si alguna de estas respuestas es “bueno, en realidad no”, el riesgo no es teórico. Estás confiando en que nunca se produzca un “caso Raine” en versión jurídica: un error grave, un uso indebido de datos, una recomendación dañina para el cliente.

Elementos mínimos que un despacho debería incorporar ya:

  • Política de uso de IA: qué herramientas se permiten, para qué tareas y con qué límites.
  • Revisión humana obligatoria: ningún output llega al cliente sin supervisión de un abogado responsable.
  • Control de datos: prohibición expresa de introducir datos sensibles o especialmente protegidos en sistemas no controlados.
  • Registro de uso: quién ha usado qué herramienta, cuándo y para qué asunto.

3.2. Términos de los proveedores: no los aceptes a ciegas

El paralelismo con Raine vs OpenAI es directo: si el proveedor se protege con sus Términos, tú también debes protegerte leyendo y negociando lo que firmes.

Puntos críticos al contratar soluciones de LegalTech o IA para el despacho:

  • Responsabilidad y limitaciones: ¿quién responde si la herramienta genera un error que provoca un perjuicio económico al cliente?
  • Seguridad y confidencialidad: ¿dónde se almacenan los datos? ¿se utilizan para entrenar modelos generales?
  • Cumplimiento del RGPD: acuerdos de encargado del tratamiento, subencargados, ubicación de servidores.
  • Posibilidad de auditoría: capacidad de revisar logs, configuraciones y medidas de seguridad.

Si el proveedor se blinda por completo y traslada todo el riesgo al despacho, estás replicando el esquema Raine pero con tu firma como “intermediario vulnerable”. Y ahí la responsabilidad frente al cliente va a ir contra ti, no contra la Big Tech.

4. Estrategia procesal: cómo usar (o desmontar) el argumento de “uso indebido”

El núcleo defensivo de OpenAI –uso no permitido, no previsto, contrario a los Términos– va a convertirse en un clásico tanto en litigios contra proveedores de IA como en conflictos entre despachos y clientes cuando la IA esté de por medio.

Si defiendes a un proveedor de IA o LegalTech

Tu hoja de ruta debería incluir:

  1. Documentar de forma abrumadora todas las medidas preventivas: diseño de la interfaz, mensajes de aviso, filtros, bloqueos, manuales de uso, formaciones.
  2. Aportar evidencia de que el caso concreto se sale del comportamiento estadísticamente normal de los usuarios.
  3. Demostrar que el cliente (empresa, despacho, usuario profesional) aceptó de forma informada los Términos y fue advertido de los riesgos.
  4. Explicar, con informes periciales, por qué técnicamente no era razonable exigir más medidas en la fecha de los hechos.

La idea es clara: no basta con decir “estaba en los Términos”, hay que construir un relato de diligencia activa y de riesgo residual inevitable.

Si representas a la parte perjudicada

Aquí el camino es el contrario: debilitar la narrativa de “uso indebido” y centrar el caso en el diseño defectuoso o insuficiente del sistema.

Preguntas útiles que suelen abrir grietas:

  • ¿Se hizo algún tipo de prueba específica con menores o colectivos vulnerables?
  • ¿Se podría haber implantado una verificación de edad más robusta sin afectar desproporcionadamente al negocio?
  • ¿Los mensajes y avisos estaban redactados en un lenguaje claro y comprensible, o eran cláusulas legales enterradas?
  • ¿El sistema estaba configurado para escalar señales de alto riesgo (por ejemplo, expresiones claras de intención suicida)?

Cuanto más previsible sea el escenario de riesgo y más masivo el uso de la herramienta, más difícil resulta sostener que el proveedor “no podía imaginar” ese uso.

5. Preparar el despacho para el nuevo entorno regulatorio de la IA

El caso Raine vs OpenAI encaja en un movimiento más amplio: la convergencia entre regulación de IA y responsabilidad civil. Y aquí los despachos españoles tienen una oportunidad y una obligación.

De usuarios a asesores especializados en IA

Muchos despachos ya están usando IA para automatizar tareas, pero todavía no la están integrando en su oferta de servicios. Esa es una oportunidad clara:

  • Diseñar políticas de IA para clientes: corporaciones, aseguradoras, bancos, startups.
  • Revisar contratos de proveedores de IA, SaaS y LegalTech con criterio técnico y jurídico.
  • Asesorar en cumplimiento del futuro marco europeo de IA y en su aterrizaje en políticas internas.

La experiencia propia del despacho usando IA jurídica –y haciéndolo con rigor– es un argumento de venta muy potente. No es teoría: es práctica probada.

Checklist rápido para tu despacho en 2025

Si tuviera que quedarme con cinco movimientos prioritarios para cualquier firma que quiera seguir siendo competitiva y segura, serían estos:

  1. Inventario de IA: listar todas las herramientas de IA que se usan en el despacho (formales e informales).
  2. Política interna aprobada por dirección: breve, clara y conocida por todo el mundo.
  3. Formación práctica: no sobre “qué es la IA”, sino sobre cómo se utiliza en los asuntos del despacho sin generar riesgos.
  4. Revisión contractual de proveedores: chequear Términos, responsabilidad, datos, seguridad y jurisdicción.
  5. Equipo o referente de IA: al menos una persona responsable de coordinar todo esto y de servir de enlace con IT y compliance.

Esto no es burocracia: es la diferencia entre usar IA como una ventaja competitiva o como una bomba de relojería.

Cerrar el círculo: de Raine vs OpenAI a tu práctica diaria

El caso Raine vs OpenAI va a marcar la conversación global sobre obligaciones regulatorias de la IA y sobre cómo se reparte la responsabilidad cuando la tecnología participa, directa o indirectamente, en un daño grave.

Para los despachos españoles, la pregunta no es si este tipo de litigios llegará aquí, sino cuándo y en qué forma: reclamaciones de clientes por decisiones tomadas con apoyo de IA, disputas con proveedores de LegalTech, investigaciones regulatorias sobre uso de datos.

Si tu firma está en el camino de la automatización jurídica –y debería estarlo, si quiere seguir siendo competitiva–, el momento de construir un marco sólido de uso responsable de la IA es ahora, no cuando llegue el primer conflicto.

La realidad es sencilla: los despachos que consigan combinar IA bien integrada, controles jurídicos serios y una estrategia clara de responsabilidad serán los que marquen el paso en los próximos años. Los demás irán a rebufo… o al banquillo.


¿Quieres que revisemos cómo estás usando la IA en tu despacho y qué riesgos legales podrías tener abiertos sin saberlo? El primer paso, como has visto con Raine vs OpenAI, es tener claro el marco. A partir de ahí, la automatización jurídica deja de dar miedo y empieza a dar resultados.