El caso Raine vs OpenAI marca un antes y un después en la responsabilidad por IA. Claves jurídicas y lecciones prácticas para despachos que usan automatización jurídica.
Caso Raine vs OpenAI: el aviso que la abogacía no puede ignorar
La muerte de un menor de 16 años en abril de 2025 y su interacción previa con ChatGPT no es solo una tragedia humana. Es, probablemente, el primer gran aviso serio para despachos que ya usan inteligencia artificial o están pensando en integrar automatización jurídica en su día a día.
La defensa de OpenAI en el caso Raine vs OpenAI se apoya en una idea muy clara: el menor habría utilizado el sistema de forma prohibida, imprevisible y en contra de los Términos y Condiciones. Pero el debate jurídico va mucho más allá de un simple “mal uso” del usuario. Lo que está en juego es qué deber de cuidado tienen los proveedores de IA frente a usuarios vulnerables y qué significa eso para la práctica jurídica, incluida la española.
Para un despacho que apuesta por IA en el sector legal y por la automatización jurídica, este caso no es una anécdota norteamericana: es un mapa adelantado de los riesgos de responsabilidad, de cómo se van a redactar los contratos con proveedores tecnológicos y de cómo habrá que explicar la IA a los clientes.
1. Cómo se está defendiendo OpenAI y por qué importa a los abogados
El núcleo de la contestación de OpenAI es contractual y de responsabilidad del usuario. La empresa sostiene que:
- Adam Raine, menor de 16 años, usó el sistema sin el consentimiento de sus padres, infringiendo los Términos de Uso que exigen mayoría de edad o autorización de tutor legal.
- El menor habría solicitado ayuda relacionada con autolesiones y suicidio, algo expresamente prohibido en los TyC.
- Las conversaciones que acabaron vulnerando las salvaguardas solo se produjeron tras eludir de forma persistente las medidas de seguridad durante sesiones prolongadas.
En lenguaje jurídico: OpenAI niega la causalidad y desplaza el foco a la infracción contractual del usuario y al mal uso imprevisible del sistema.
Para un despacho, hay tres ideas útiles que se pueden trasladar de inmediato a la práctica:
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TyC como muro de contención: la defensa de OpenAI se apoya en cláusulas típicas de exención de responsabilidad, uso bajo propio riesgo y prohibición de ciertos usos. Son exactamente las cláusulas que cualquier abogado debería revisar (o exigir) al contratar soluciones de LegalTech o IA generativa.
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Uso indebido previsible vs imprevisible: si una conducta de los usuarios es masiva (por ejemplo, menores usando herramientas de IA), sostener que es imprevisible es frágil. Esto afectará a cómo los tribunales valoran las exenciones de responsabilidad.
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Reconocimiento público de fallos: OpenAI reconoció en su blog, el 26/08/2025, que en conversaciones largas el modelo puede perder efectividad en las salvaguardas. Ese reconocimiento puede ser una prueba clave contra su propia tesis de “imprevisibilidad”.
Para la abogacía, este tipo de admisiones públicas deben tratarse como material probatorio de primer orden en litigios sobre IA.
2. Salvaguardas, suicidio y menores: qué está exigiendo ya la regulación de IA en EE. UU.
Mientras en Europa aún debatimos marcos como el Reglamento de IA, en Estados Unidos han empezado a aparecer normas estatales muy concretas sobre AI companion chatbots y usuarios vulnerables. El caso Raine encaja de lleno en ese nuevo contexto.
2.1. Más allá de la Sección 230: normas específicas para chatbots
Durante años, la Sección 230 de la CDA ha blindado a las plataformas digitales al evitar que se las trate como editoras del contenido de terceros. Sin embargo, con la IA conversacional el escenario cambia: ya no hablamos solo de contenido de usuarios, sino de salidas generadas por modelos entrenados y controlados por empresas.
Por eso son tan relevantes normas como:
- SB 243 de California (en vigor desde 11/2025)
- S-3008C de Nueva York (también vigente desde 11/2025)
Ambas regulan de forma directa a los chatbots de compañía y crean obligaciones de seguridad muy concretas.
2.2. Obligaciones clave que marcan tendencia
Tanto la SB 243 como la S-3008C imponen un estándar de cuidado elevado cuando hay riesgo de suicidio, autolesión o menores. Entre las obligaciones más relevantes:
- Protocolos públicos de prevención de contenido sobre ideación suicida, métodos de autolesión o incitación a conductas dañinas.
- Detección de señales de riesgo: el sistema debe identificar ideación suicida y reaccionar.
- Desescalar la conversación e interrumpir dinámicas peligrosas.
- Derivación inmediata a líneas de ayuda en crisis.
- Advertencias claras de que el usuario está hablando con una IA, para reducir la antropomorfización.
- Recordatorios periódicos (cada 3 horas) a menores de que no interactúan con un humano.
- Controles para evitar contenido sexual y simulación de relaciones afectivas o sexuales con menores.
- Acción privada: los usuarios pueden demandar directamente por incumplimiento.
Estas normas dibujan un estándar: la relación usuario–chatbot puede generar daños psicoemocionales y las salvaguardas dejan de ser un gesto de buena voluntad para convertirse en una obligación jurídicamente exigible.
Para un despacho español que asesora en proyectos de LegalTech con presencia internacional, este tipo de regulación no es opcional: condiciona tanto el diseño técnico como las cláusulas contractuales, políticas de uso y protocolos internos de cumplimiento.
3. Qué tendrán que decidir los tribunales en el caso Raine
La resolución del caso Raine vs OpenAI puede convertirse en el primer gran precedente sobre responsabilidad de proveedores de IA. Los jueces van a tener que responder a preguntas que afectarán a todo el sector:
3.1. ¿Es previsible que falle una salvaguarda en conversaciones largas?
OpenAI ha admitido públicamente que, tras muchos mensajes, el modelo puede ofrecer respuestas que contradicen las salvaguardas. Si el proveedor conoce este fallo, el argumento de “mal uso imprevisible” se debilita.
Aquí el tribunal tendrá que decidir si:
- La difuminación de salvaguardas es un fallo técnico previsible y prevenible, por tanto generador de responsabilidad.
- O si, por el contrario, persisten suficientes elementos para calificar el uso concreto como imprevisible y romper la cadena causal.
3.2. Límite real de los Términos y Condiciones
Otro punto clave: ¿hasta qué punto pueden los TyC excluir responsabilidad cuando se sabe que menores acceden masivamente a estas plataformas?
Para muchos jueces, el argumento de “los menores no debían estar aquí” puede sonar insuficiente cuando el diseño del producto y la estrategia de mercado facilitan ese acceso. En términos prácticos, esto puede derivar en:
- Reinterpretación de cláusulas de exención de responsabilidad.
- Exigencia de deberes reforzados de vigilancia y prevención frente a colectivos vulnerables.
3.3. ¿Existe un deber de cuidado reforzado en IA conversacional?
La gran cuestión de fondo es si las empresas de IA tienen un deber emergente de cuidado reforzado cuando su tecnología interactúa con personas en crisis emocional.
Si los tribunales responden que sí, el estándar de diligencia cambiará de forma radical. Y eso afecta tanto a OpenAI como a cualquier despacho que:
- Implemente chatbots jurídicos para atención al cliente.
- Utilice asistentes conversacionales internos para empleados.
- Ofrezca productos legaltech a terceros basados en IA generativa.
4. Lecciones prácticas para despachos que usan IA y automatización jurídica
La realidad es sencilla: los bufetes que integran IA en el sector legal no solo deben pensar en eficiencia, sino en responsabilidad. Este caso ofrece una hoja de ruta clara de cosas que conviene hacer desde ya.
4.1. Revisión seria de contratos con proveedores de IA
Si tu despacho utiliza herramientas de IA (para revisión documental, investigación jurídica o generación de borradores), conviene revisar tres bloques contractuales:
- Cláusulas de uso permitido y prohibido: deben estar alineadas con el tipo de clientes y asuntos del despacho. Si hay posibilidad de que menores o colectivos vulnerables usen el sistema, hay que dejarlo previsto.
- Exclusiones de responsabilidad: comprobar qué asume realmente el proveedor y qué te está trasladando a ti como despacho.
- Compromisos de salvaguardas técnicas: no basta con un “usamos medidas razonables”; interesa que se concreten protocolos, tiempos de reacción y obligaciones de actualización.
4.2. Diseño responsable de chatbots jurídicos
Cada vez más firmas españolas experimentan con chatbots legales para consultas frecuentes, lead generation o atención 24/7. Desde la perspectiva del caso Raine, hay varios mínimos razonables:
- Mensajes claros y visibles de que el usuario está hablando con una IA.
- Recordatorios periódicos en interacciones largas.
- Filtros para evitar consejos sobre daño a terceros, autolesión, violencia, etc.
- Rutas de escape: si se detecta riesgo, derivar a atención humana o a servicios especializados.
La buena noticia es que muchas de estas medidas se pueden implementar con lógica de negocio relativamente sencilla y supervisión jurídica adecuada.
4.3. Políticas internas de uso de IA en el despacho
No todo es cliente externo. También hace falta gobernanza interna. Algunas recomendaciones que funcionan bien en despachos que ya han avanzado en automatización jurídica:
- Políticas claras sobre qué tipo de consultas no se pueden hacer a sistemas de IA (p. ej. datos sensibles de salud de un cliente sin anonimizar).
- Formación a socios y asociados sobre limitaciones técnicas de los modelos y riesgos de sesgo o alucinaciones.
- Protocolos de revisión humana obligatoria en tareas críticas (dictámenes, escritos procesales, asesoramiento en materias de alto riesgo).
5. Cómo encaja este caso en la evolución de la automatización jurídica
El caso Raine no va a frenar la adopción de IA en el sector legal. Pero sí va a cambiar la forma en la que los despachos la integran.
La tendencia para los próximos meses es clara:
- Sistemas de salvaguardas multilayer: filtros en el modelo, en la aplicación y en la capa de negocio.
- Herramientas capaces de detectar el estado emocional del usuario y limitar o interrumpir conversaciones largas si hay riesgo.
- Verificación de edad más robusta en productos de consumo masivo.
- Estándares de responsabilidad objetiva o cuasi objetiva para ciertos usos de IA de alto riesgo.
Para la serie “IA en el Sector Legal: Automatización Jurídica”, este caso marca un punto de inflexión. Ya no basta con preguntarse “¿qué puedo automatizar en mi despacho?”, sino también:
- “¿Qué debo automatizar con salvaguardas reforzadas?”
- “¿Qué no debería automatizar nunca sin supervisión humana cualificada?”
Los despachos que entiendan antes este cambio tendrán una ventaja competitiva clara: podrán ofrecer servicios de LegalTech más seguros, asesorar con autoridad en proyectos de IA y minimizar su propia exposición a litigios.
Reflexión final: la oportunidad para el sector legal español
El caso Raine vs OpenAI es un aviso duro, pero también una oportunidad para la abogacía española. Ofrece argumentos concretos para negociar mejores contratos tecnológicos, diseñar herramientas de automatización jurídica responsables y posicionarse como referentes en cumplimiento y gobernanza de IA.
Quien asesore en IA sin conocer este tipo de casos llegará tarde al debate. Quien los entienda y los incorpore a su práctica podrá acompañar a empresas, administraciones y startups en un terreno donde la tecnología avanza muy rápido, pero donde la responsabilidad, al final, se sigue discutiendo en los tribunales.
Ahora es el momento de que cada despacho se pregunte: ¿cómo estamos integrando la IA y qué estándar de cuidado queremos asumir frente a nuestros clientes y usuarios?