Harvey, Shared Spaces y lo que viene para la abogacía española

IA en el Sector Legal: Automatización JurídicaBy 3L3C

Harvey consolida la IA jurídica con 160 M$ y Shared Spaces. Qué significa esto para despachos españoles y cómo empezar a automatizar de verdad en 2026.

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La señal que no puede ignorar ningún despacho

160 millones de dólares en una sola ronda, valoración de 8.000 millones y tres ampliaciones de capital en menos de un año. Eso es Harvey hoy. Y sí, hablamos de una solución de inteligencia artificial pensada específicamente para abogados.

Esto importa a cualquier despacho español —desde la boutique de 10 letrados hasta el full service del Ibex— por una razón sencilla: el dinero inteligente está apostando fuerte por la IA jurídica. Cuando fondos como Andreessen Horowitz, Sequoia o Kleiner Perkins ponen cientos de millones sobre la mesa, no están jugando a las modas; están marcando el estándar de lo que será el trabajo legal dentro de 3‑5 años.

En esta entrega de la serie “IA en el Sector Legal: Automatización Jurídica” vamos a usar el caso Harvey y su nueva funcionalidad Shared Spaces como excusa perfecta para bajar a tierra una pregunta muy concreta: ¿qué significa esto para los despachos españoles y qué decisiones hay que tomar ya en 2026?


1. Qué es Harvey de verdad (más allá del titular de inversión)

La forma más útil de entender Harvey no es como “un ChatGPT para abogados”, sino como una plataforma de trabajo jurídico asistido por IA generativa, con tres piezas clave:

  1. Modelos entrenados en tareas legales: revisión de contratos, resúmenes de expedientes, borradores de escritos, análisis de riesgos, etc.
  2. Capacidad de personalización profunda: modelos y flujos adaptados a cada firma, con sus criterios, estilo y plantillas.
  3. Espacios colaborativos y playbooks: la novedad de Shared Spaces, que convierte ese conocimiento en algo reutilizable y, si se quiere, compartible con el cliente.

Harvey ya trabaja con firmas globales como A&O Shearman, Ashurst, Mayer Brown u Orrick, además de departamentos jurídicos de gigantes como Walmart o ArcelorMittal. No es una “prueba de concepto”; es infraestructura operativa para firmas que facturan miles de millones.

Lo relevante del último anuncio no es solo la nueva valoración, sino la estrategia que explica el propio CEO, Winston Weinberg: expansión internacional, modelos personalizados por firma y apuesta fuerte por el desarrollo de workflows complejos. Todo lo que un despacho español medio suele dejar para “el año que viene”.


2. Shared Spaces: por qué este movimiento cambia el juego de la colaboración legal

Shared Spaces es la pieza nueva del puzzle y merece atención. La idea es directa:

crear espacios compartidos donde despacho, cliente y otros equipos trabajen juntos sobre flujos y playbooks jurídicos, con la IA en el centro del proceso.

No estamos hablando solo de un “data room” o una carpeta compartida. En Shared Spaces se combinan:

  • Borradores de contratos y escritos generados por IA
  • Comentarios y revisiones del equipo
  • Tablas de revisión y comparativas
  • Contratos redlineados
  • Playbooks y workflows predefinidos que guían cada operación

¿Qué tiene de distinto frente a las herramientas de colaboración tradicionales?

La diferencia es que la colaboración deja de ser documental y pasa a ser operativa:

  • El cliente no solo ve un documento final; ve cómo se aplica su playbook en tiempo real.
  • El despacho no comparte solo PDFs; comparte su forma de trabajar estructurada en pasos, criterios y decisiones.
  • La IA no es un chat lateral; es el motor que ejecuta esos playbooks, prepara borradores y propone soluciones alineadas con las reglas pactadas.

La clave: propiedad intelectual y monetización

Weinberg lo resume bien: los despachos construyen sus playbooks —que son puro know‑how— y, con Shared Spaces, pueden mantener esa propiedad intelectual y a la vez ponerla a disposición del cliente.

Esto abre modelos muy interesantes para firmas españolas:

  • Servicios de suscripción: acceso a un conjunto de playbooks (por ejemplo, compraventas, arrendamientos, NDAs, contratos de suministro) con soporte periódico.
  • Productos paquetizados: “pack de automatización de contratos estándar del sector X” con un precio fijo anual.
  • Ofertas híbridas: parte del trabajo lo hace el cliente ejecutando el playbook en Harvey, y el despacho interviene en las operaciones complejas o en la supervisión final.

Quien crea que esto es ciencia ficción, que piense en lo siguiente: si un departamento legal puede usar el playbook de la firma 24/7 y sin horas facturables en cada operación sencilla, ¿a quién va a llamar para la transacción complicada? Exacto, al despacho que ya conoce su forma de trabajar y ha construido ese sistema con ellos.


3. Qué pueden aprender los despachos españoles de la estrategia de Harvey

La historia de Harvey en 2025 es, en realidad, una hoja de ruta de madurez en automatización jurídica:

  1. Febrero: Serie D de 300 M$ – valoración 3.000 M$
  2. Junio: Serie E de 300 M$ – valoración 5.000 M$
  3. Diciembre: nueva ronda de 160 M$ – valoración 8.000 M$

Entre ronda y ronda, el foco ha sido claro:

  • Extenderse a nuevas jurisdicciones
  • Crear capacidades de personalización avanzada para grandes clientes
  • Desarrollar productos colaborativos como Shared Spaces

Lección 1: la IA jurídica ya va por la tercera ola

Si miramos el mercado español, muchos despachos siguen en la primera ola:

  • Pruebas piloto sueltas
  • Uso puntual de un LLM genérico para “ayudar un poco con los contratos”
  • Cero integración real con procesos ni con el DMS

Mientras tanto, firmas que trabajan con Harvey ya están en la tercera ola:

  • Modelos ajustados a su base de conocimiento
  • Flujos automatizados con controles de calidad integrados
  • Playbooks compartidos con clientes a través de espacios colaborativos

Quedarse en la fase de “experimentos aislados” en 2026 es asumir que la brecha competitiva con las firmas que sí estructuran su automatización crecerá cada trimestre.

Lección 2: la personalización no es un lujo, es el núcleo del valor

Weinberg lo admite abiertamente: buena parte del nuevo capital va a customizar modelos para cada firma y a la computación necesaria para ello.

Traducido:

El valor no está tanto en la IA genérica, sino en cómo se adapta a las reglas, criterios y estilo de cada despacho.

Para un despacho español, esto implica:

  • Dejar de ver la IA como “una herramienta más” y empezar a verla como una capa transversal sobre todo el ciclo de vida del asunto.
  • Diseñar desde ya playbooks firm‑wide: cómo revisamos un NDA, cómo analizamos un contrato de agencia, qué hacemos en un despido colectivo, qué umbrales y alertas tenemos.
  • Exigir a cualquier proveedor de IA jurídica capacidad real de personalización y gobierno del modelo, no solo un bonito interfaz.

4. Aplicaciones prácticas para despachos y departamentos legales españoles

El caso Harvey no es solo inspirador; es una guía muy concreta de por dónde empezar la automatización jurídica de forma seria y escalable.

4.1. Priorizar áreas de alto impacto

Los primeros terrenos de juego suelen ser claros:

  • Revisión de contratos recurrentes: NDAs, arrendamientos, contratos marco, condiciones generales.
  • Investigación jurídica básica: localización y síntesis de jurisprudencia, doctrina administrativa y normativa.
  • Gestión de plantillas: generación de borradores coherentes con el estilo de la firma y las cláusulas de riesgo aceptables.

La IA generativa es especialmente efectiva cuando hay volumen, repetición y criterios claros. Justo lo que sobra en estas áreas.

4.2. Construir playbooks antes de “cargar datos”

Muchos proyectos de IA en despachos fallan porque empiezan por el final: subir documentos a lo loco sin haber definido cómo se trabaja.

Un enfoque más sólido, alineado con lo que permite Shared Spaces, sería:

  1. Elegir un tipo de asunto o contrato objetivo (por ejemplo, arrendamientos de local comercial).
  2. Documentar el flujo actual: quién hace qué, en qué orden, con qué plantillas, qué riesgos se aceptan.
  3. Convertir todo eso en un playbook estructurado:
    • pasos,
    • decisiones tipo “si pasa A, hacemos B”,
    • cláusulas modelo,
    • límites de negociación.
  4. Configurar ese playbook en la herramienta de IA y probarlo en un espacio controlado con 2‑3 clientes.

Cuando el playbook funciona en un entorno pequeño, se amplía el alcance. Así es como se construye automatización jurídica robusta, no a base de prompts improvisados.

4.3. Ofrecer colaboración real al cliente, no solo portales

Durante años se ha vendido la colaboración cliente‑despacho con portales que, en la práctica, son bandejas de entrada avanzadas. Lo que propone el enfoque tipo Shared Spaces es otra cosa:

  • El cliente ve las mismas tablas de revisión que el despacho.
  • Puede ejecutar el mismo playbook sobre sus contratos estándar.
  • Comparte criterios y umbrales de riesgo en un entorno estructurado, no por email.

Para un departamento legal corporativo español, esto resuelve un problema clásico:

¿Cómo mantengo coherencia en centenares de contratos que se negocian desde negocio, filiales o filiales extranjeras, sin disparar mis horas internas ni mi factura externa?

La respuesta está en que el know‑how de la firma se convierta en sistema vivo, no en PDFs en una intranet.


5. Próximos pasos para 2026: pasar del interés a la ejecución

La inversión en Harvey y el lanzamiento de Shared Spaces envían un mensaje muy claro al mercado jurídico: la automatización seria ya no es opcional. La cuestión para el sector español no es si la IA llegará al despacho, sino quién la controlará y con qué modelo de negocio.

Si tuviera que resumir en tres decisiones concretas para 2026, serían estas:

  1. Definir una estrategia de IA jurídica a 24 meses: qué áreas priorizar, qué objetivos medir (tiempo por contrato, plazos de respuesta, rentabilidad de asuntos fijos), qué riesgos controlar.
  2. Crear un pequeño “equipo de automatización” interno: al menos una persona de legal, una de IT y alguien cercano a negocio/innovación. Sin equipo, todo se queda en piloto.
  3. Elegir un caso de uso estrella y construir un playbook completo: algo que de verdad duela hoy —por volumen o por presión del cliente— y convertirlo en un flujo automatizado que aporte valor visible.

La buena noticia es que el sector ya no tiene que inventar el camino desde cero: empresas como Harvey están marcando estándares y demostrando que la IA en el sector legal puede ser rentable, segura y alineada con la forma en que trabajan los buenos abogados.

Si esta serie de “IA en el Sector Legal: Automatización Jurídica” tiene un mensaje recurrente, es este: quien convierta su conocimiento jurídico en sistemas y workflows reutilizables tendrá una ventaja competitiva real. Y el movimiento de Harvey es simplemente la confirmación, con muchos ceros, de que ese es el futuro inmediato.