El campo español ya no compite solo en kilos producidos, sino en datos, eficiencia y sostenibilidad. Así se traduce la innovación en rentabilidad real.
Innovación agroalimentaria: del dato al impacto real
El sector agroalimentario español mueve cada año alrededor de 70.000 millones de euros en exportaciones y sitúa a España como cuarta potencia exportadora de la UE. Aun así, muchos agricultores y cooperativas siguen trabajando con cuadernos en papel, decisiones “a ojo” y márgenes cada vez más ajustados.
Aquí está la contradicción: somos una potencia agroalimentaria, pero todavía queda mucho camino para que el campo español sea un verdadero campo inteligente.
El IV Encuentro Internacional Renowagro, celebrado hace unos días en Valencia, lo ha dejado claro: sin innovación no habrá ni sostenibilidad ni rentabilidad. Y no hablamos solo de grandes corporaciones; hablamos de explotaciones familiares, comunidades de regantes, cooperativas y pymes agroalimentarias.
En este artículo voy a bajar a tierra todo lo que se debatió allí: qué se está haciendo, qué frena al sector y cómo la inteligencia artificial (IA), los drones o tecnologías como CRISPR pueden traducirse en euros, agua ahorrada y suelos más vivos.
1. Por qué la innovación ya no es opcional en el campo español
La idea central es directa: si el sector agroalimentario español quiere seguir siendo competitivo, tiene que producir más con menos recursos.
En Renowagro, la ministra Diana Morant recordaba dos datos clave:
- Desde 2018, el presupuesto público en I+D ha crecido un 60 % en España.
- La agricultura está en el centro de esa apuesta: drones, nuevos fertilizantes, sensores, IA…
Esto no es teoría. El propio Ministerio de Agricultura confirma que:
- Las exportaciones agroalimentarias rondan los 70.000 millones de euros.
- En el último año han crecido impulsadas por un 11 % más de producción y un 6 % de bajada de precios.
Es decir, se está produciendo más, cobrando menos y compitiendo en mercados cada vez más exigentes. La única salida sana no es exprimir más al agricultor: es ser más eficiente y más inteligente en cada decisión agronómica.
Esta es, precisamente, la base del concepto de “Campo Inteligente”:
Usar datos, tecnología e innovación agronómica para decidir mejor: qué sembrar, cuándo regar, cómo fertilizar y qué riesgos priorizar.
2. Retos reales del sector: recursos limitados y reglas cambiantes
Si hablamos con agricultores y técnicos, los problemas se repiten. En Renowagro se señalaron dos especialmente sensibles.
2.1. Eficiencia extrema en agua, fertilizantes y fitosanitarios
El reto no es solo producir, sino hacerlo con menos impacto:
- Agua: cada gota cuenta. Las DANAs recientes han demostrado que pasamos del exceso a la escasez en cuestión de días.
- Fertilizantes: la normativa europea aprieta, los precios son volátiles y el suelo se empobrece si se gestiona mal.
- Protección de cultivos: menos materias activas autorizadas, más resistencias y más presión social.
Sergio Atares, de Fertinagro Biotech, lo resumió bien: hay que aumentar la eficiencia en el uso de recursos. Eso, en la práctica, significa:
- Aplicar fertilización de precisión basada en mapas de suelo y sensores.
- Ajustar los riegos con sondas de humedad y predicción climática.
- Planificar tratamientos en función de riesgos reales, no “por calendario”.
2.2. Normativa y “reglas del juego” claras
El otro gran freno que muchos sienten es regulatorio. El sector pide:
- Estabilidad normativa para poder invertir a 5–10 años.
- Claridad en temas como fertilizantes orgánicos, bioestimulantes, edición genética o uso de datos.
Sin reglas claras, muchos proyectos de innovación se quedan en piloto y no pasan a escala comercial. Y aquí España se lo juega todo: quien tarde en adaptarse, perderá ventaja frente a otros países que se muevan más rápido.
3. Tecnologías clave para un “Campo Inteligente”: IA, drones y CRISPR
La buena noticia es que las tecnologías agrícolas que antes sonaban lejanas hoy ya están disponibles en España. La diferencia está en cómo se adoptan.
3.1. Inteligencia artificial aplicada a la agricultura española
La IA está entrando en el campo con tres aplicaciones muy claras:
-
Monitorización de cultivos
- Imágenes de satélite y drones analizadas con IA detectan estrés hídrico, carencias nutricionales o focos de plagas antes de que el ojo humano los vea.
- Esto permite actuar de forma localizada: menos producto, mejor timing.
-
Modelos predictivos
- Predicción de rendimiento por parcela, riesgo de enfermedades según clima, necesidades de riego por campaña.
- El resultado: decisiones basadas en probabilidades reales, no en intuiciones.
-
Automatización de tareas
- Desde dosificaciones inteligentes de riego y fertirrigación hasta robots de desherbado guiados por visión artificial.
El científico Pablo J. Zarco-Tejada lo definía como la “tercera revolución del sector”. Y tiene razón, pero con matices: la IA no es magia. Funciona bien cuando:
- Hay datos históricos de calidad (clima, producción, suelos, manejo).
- Se combina con conocimiento agronómico local, no en contra de él.
3.2. Drones: del vídeo bonito al dato útil
Los drones se han consolidado como herramienta básica de la Agricultura 5.0 en España, pero aún se infrautilizan.
Usos con impacto directo en rentabilidad:
- Mapas de vigor: identifican zonas débiles del cultivo que necesitan apoyo.
- Evaluación de daños tras DANAs, granizadas o heladas: clave para seguros agrarios y reprogramación de labores.
- Aplicación localizada (donde la normativa lo permite): menos insumos, menos pisoteo, más precisión.
El salto de calidad llega cuando esos vuelos están integrados en una plataforma de gestión de finca y no se quedan como fotos sueltas en una carpeta.
3.3. CRISPR y nuevas biotecnologías
Otra línea estratégica que se subrayó en Renowagro es el potencial de tecnologías emergentes como CRISPR:
- Desarrollo de variedades más resilientes a sequía, salinidad o altas temperaturas.
- Menor dependencia de fitosanitarios gracias a resistencias específicas.
Aquí el reto es doble:
- Normativo: cómo se regulará en la UE la edición genética frente a los transgénicos clásicos.
- Social: cómo explicar al consumidor qué se está haciendo y por qué.
Para un agricultor, lo relevante es esto: si una variedad aguanta mejor el estrés y mantiene rendimiento, su cuenta de resultados lo nota. Pero el camino regulatorio marcará la velocidad real de adopción.
4. Bioestimulantes y suelos vivos: “ayudar a las plantas a ayudarse”
La innovación no va solo de sensores y algoritmos; también va de biología del suelo.
En Renowagro se habló de los avances en bioestimulantes y agricultura regenerativa. Patrick du Jardin, de la Universidad de Lieja, defendió la idea de “ayudar a las plantas a ayudarse a sí mismas”.
¿Qué significa eso en una explotación española?
- Potenciar la microbiología del suelo para mejorar la absorción de nutrientes.
- Usar bioestimulantes que aumenten la tolerancia al estrés hídrico o térmico.
- Integrar cubiertas vegetales, rotaciones y materia orgánica para reconstruir estructura y fertilidad.
Beneficios concretos para la explotación:
- Mejor eficiencia de fertilizantes minerales (hace falta menos para el mismo resultado).
- Suelos más esponjosos, con mejor infiltración y menos escorrentía en episodios de lluvia intensa.
- Mayor estabilidad de rendimientos campaña tras campaña.
En la práctica, el enfoque ganador combina:
- Datos (IA, sensores, imágenes).
- Buen diseño agronómico (rotaciones, elección varietal, riego).
- Biología del suelo (bioestimulantes, manejo orgánico, mínima labranza donde tenga sentido).
Ese es el corazón de un modelo rentable y sostenible a la vez.
5. De la teoría a la acción: cómo empezar a construir tu “Campo Inteligente”
La innovación solo tiene sentido si aterriza en decisiones diarias. A partir de lo debatido en Renowagro y de lo que ya se ve en muchas fincas españolas, hay una hoja de ruta bastante clara.
5.1. Paso 1: poner orden en los datos de la explotación
Antes de hablar de IA avanzada, hace falta lo básico:
- Registrar rendimientos por parcela cada campaña.
- Guardar históricos de fechas de siembra, variedades, tratamientos y riegos.
- Unificar datos de estaciones meteorológicas, sensores y cuadernos de campo.
Sin este “mínimo común”, cualquier proyecto digital se queda cojo. He visto explotaciones que, solo con ordenar esta información en una plataforma sencilla, han identificado parcelas sistemáticamente menos rentables y han renegociado arrendamientos o cambiado cultivos.
5.2. Paso 2: elegir 1–2 proyectos de innovación con retorno claro
No hace falta digitalizar toda la explotación de golpe. Es mejor empezar por lo que tiene impacto directo medible:
- Proyecto agua: instalar sondas y un sistema de recomendación de riegos en las parcelas con más consumo. Objetivo: reducir un 15–20 % el agua sin perder producción.
- Proyecto fertilización: combinar análisis de suelo, mapas de vigor y productos más eficientes (incluyendo bioestimulantes) para reducir unidades fertilizantes un 10–15 %.
La clave es medir: si no se comparan costes y rendimientos antes y después, la innovación se percibe como un gasto, no como una inversión.
5.3. Paso 3: apoyarse en socios tecnológicos y agronómicos
La mayoría de explotaciones no pueden (ni deben) hacerlo solas. Tiene todo el sentido buscar:
- Proveedores de tecnología agrícola con soluciones ya probadas en cultivos y zonas similares.
- Cooperativas y SAT que estén impulsando proyectos de digitalización conjunta.
- Programas públicos ligados a la PAC, grupos operativos o ayudas a la innovación.
En la campaña “Campo Inteligente”, el objetivo no es solo instalar tecnología, sino acompañar en la toma de decisiones: traducir datos en recomendaciones concretas, en castellano claro y con impacto en la explotación.
6. Qué viene ahora para la agricultura española
Lo que se ha visto en el IV Encuentro Internacional Renowagro encaja con una tendencia clara: España tiene músculo científico, empresas innovadoras y un sector agroalimentario potente. El reto ya no es “si” innovar, sino “cómo” y “a qué velocidad”.
Los puntos que marcarán la diferencia en los próximos años serán:
- Quién consiga integrar IA y datos en su día a día sin complicar la vida al agricultor.
- Quién combine tecnología con suelos más vivos y plantas más resilientes.
- Quién aproveche la PAC y las ayudas a la innovación para hacer cambios estructurales, no solo comprar maquinaria.
La realidad es más simple de lo que parece:
La innovación que cuenta es la que mejora resultados en la finca y deja un campo más sano a la siguiente generación.
Si diriges una explotación, una cooperativa o una agroindustria en España, este es buen momento para plantearte una pregunta directa: ¿qué decisiones del año que viene seguirás tomando “a ojo” que podrías tomar con datos?
El campo español ya ha demostrado que puede liderar exportaciones. Ahora le toca liderar también en agricultura inteligente.